Solemos marcarnos nuestras propias reglas en un intento de vivir con un poco de ética y moral, pero resulta que yo tengo la fea costumbre de pasármelas por el forro de vez en cuando y actuar según me place... Es entonces cuando viene a mí la realidad y me tira con la piedra, demostrando que ésta suele ser más dura que mi cabeza.
Y es que hay heridas que solo se curan con garrafas de alcohol del barato, pero con eso sólo conseguimos que aparezca el pequeño demonio y nos diga: "ya te lo dije", y el angelito responda: "pero si es que tiene razón"...
En fin, muchas veces es mejor hacer cosa de lo que la conciencia nos dice y dejar nuestro corazón a un lado, porque al final éste se calienta y acabamos haciendo el gilipollas.
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